Correr contra el dolor: un leridano de 47 años recorrerá los 38 municipios del Segrià para dar visibilidad a la artritis psoriásica
El leridano Mikel San Rafael, de 47 años, recorrerá los 38 municipios del Segrià del 3 al 8 de agosto para dar visibilidad a la artritis psoriásica. Una afección autoinmune que condiciona su vida

Mikel San Rafael afrontará el mayor desafío hasta ahora en su trayectoria deportiva.
Hay quienes corren para bajar unos minutos su marca. Otros lo hacen por salud o por desconectar. Mikel San Rafael (Lleida, 47 años) corre porque descubrió hace años que el movimiento calma un dolor que le acompaña desde hace demasiado tiempo. Este verano llevará esa filosofía al límite con un desafío que trasciende lo deportivo: recorrer los 38 municipios del Segrià en seis días consecutivos, del 3 al 8 de agosto, para poner en valor el territorio donde nació y, al mismo tiempo, dar visibilidad a la artritis psoriásica, una enfermedad autoinmune poco conocida que condiciona su día a día. El reto nace de una motivación profundamente personal. “Mi historia no es la de alguien extraordinario. Simplemente soy una persona que empezó a moverse porque no quería que le doliera tanto el cuerpo”, resume.
Su relación con el deporte comenzó mucho antes del diagnóstico. Durante años practicó ciclismo, pero convivía con dolores constantes en el cuello, la espalda, las piernas, los pies y las manos. Se levantaba cada mañana con la sensación de tener agujetas permanentes, incluso sin haber realizado ningún esfuerzo físico. Aquellas molestias fueron normalizándose hasta convertirse en parte de su rutina. Con 35 años, un episodio de anginas desencadenó un brote de psoriasis que fue tratado únicamente como un problema dermatológico. Pasaron varios años y numerosos diagnósticos erróneos antes de que alguien planteara una posibilidad que cambiaría por completo la interpretación de todos aquellos síntomas: la artritis psoriásica. El diagnóstico definitivo llegó en 2019, después de un largo recorrido por consultas médicas. Desde entonces convive con una enfermedad crónica que controla mediante tratamiento biológico y que, aunque no le impide desarrollar una vida relativamente normal, condiciona especialmente los periodos de brote. En esos momentos, abrir y cerrar las manos o realizar tareas manuales en el laboratorio donde trabaja puede convertirse en un desafío.
Paradójicamente, fue el propio dolor el que le llevó a correr. Tras el nacimiento de su hija, en 2008, comprobó que la falta de descanso intensificaba las molestias, pero también descubrió que cuando caminaba o corría el cuerpo respondía mejor. Aquel hallazgo cambió su vida. En 2013 disputó su primera carrera de 5 kilómetros y, desde entonces, el deporte dejó de ser una afición para convertirse en una herramienta para convivir con la enfermedad.
Hoy su trayectoria deportiva impresiona incluso entre los corredores de resistencia más avezados. Ha completado 18 maratones, entre ellas las de Nueva York, Barcelona, Madrid y Valencia; una prueba de 100 kilómetros, competiciones de seis, doce y veinticuatro horas en pista, cuatro Backyard Ultra, una quincena de triatlones y numerosas marchas cicloturistas y carreras populares. También ha participado en pruebas de montaña, aunque reconoce que su terreno predilecto sigue siendo el ultrafondo sobre superficies con poco desnivel. Todo ello compaginándolo con su trabajo, su vida familiar como marido y padre y una planificación que le obliga a entrenar al amanecer o a aprovechar cualquier hueco libre. “El dolor que siento cuando corro es un dolor que he elegido yo. Es distinto al de la enfermedad”, concluye.