Este es el municipio más 'pobre' de Lleida, también a la cola de Catalunya
Con una renta per cápita de 12.421 euros, este municipio leridano se sitúa un 30% por debajo de la media catalana

El cruce que da acceso a Montferrer i Castellbó.
Montferrer i Castellbò se ha posicionado como el municipio más pobre de Lleida y de toda Catalunya, con una renta per cápita de apenas 12.421 euros en 2022, según los últimos datos publicados por el Institut d'Estadística de Catalunya (Idescat). Esta cifra representa más de un 30% por debajo de la media catalana, que se situó en 19.140 euros por habitante, lo que refleja la notable desigualdad económica existente entre los diferentes territorios de la comunidad autónoma.
En el extremo opuesto se encuentra Sant Just Desvern, que se coronó como el municipio catalán con mayor renta por habitante, alcanzando los 30.352 euros, más del doble que Montferrer i Castellbò. Tras Sant Just, destacan varios municipios del Maresme con cifras muy superiores a la media: Tiana (26.539 euros), Alella (26.404 euros) y Teià (26.046 euros). El contraste territorial es evidente, ya que junto a Montferrer i Castellbò, otros seis municipios conforman el grupo con rentas más bajas de Catalunya: Castelló d'Empúries, La Jonquera, Salt, Lloret de Mar, El Perelló y Riba-roja d'Ebre, todos ellos con ingresos por habitante un 30% inferiores a la media regional.
Crecimiento generalizado de la renta familiar
A nivel comarcal, el Barcelonès se sitúa a la cabeza con una renta media por habitante de 21.297 euros, superando en un 11,3% la media catalana. El informe del Idescat también revela un dato positivo: el 87% de los 468 municipios catalanes con más de mil habitantes experimentaron un crecimiento positivo en sus rentas durante 2022, lo que demuestra una tendencia general favorable pese a las desigualdades territoriales.
Este incremento generalizado de la renta familiar disponible se explica principalmente por dos factores económicos clave: por un lado, el notable aumento de la remuneración de los asalariados, que creció un 8,3%, y por otro, el incremento del excedente bruto de explotación, que avanzó un 3,9%. En contraposición, las prestaciones sociales experimentaron un descenso del 2,8%, un dato que refleja la recuperación económica post-pandemia y la reducción de las ayudas extraordinarias implementadas durante la crisis sanitaria.