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Gasolina: más de la mitad del precio son impuestos en España

El Impuesto Especial sobre Hidrocarburos y el IVA representan hasta el 55% del precio final del gasóleo y la gasolina en las estaciones de servicio

Un surtidor en una gasolinera.

Un surtidor en una gasolinera.Erik Mclean / Unsplash

Joan Teixidó
Lleida

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Los impuestos sobre los carburantes representan entre el 45% y el 55% del precio final que los conductores pagan en las gasolineras españolas. Esta carga fiscal, compuesta por el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos y el IVA del 21%, convierte al Estado en el principal beneficiario de cada repostaje, independientemente de las estrategias comerciales de los establecimientos o las fluctuaciones del mercado internacional del petróleo.

Las comarcas de Lleida registran diferencias de precio en el combustible que pueden alcanzar los 40 euros por depósito completo entre diferentes municipios. Mientras estaciones como Low Cost 24 en Balaguer y Tornabous o el establecimiento sin marca de Térmens ofrecen gasóleo a 1,299 euros el litro, y Agroserveis de Almacelles lo vende a 1,279 euros, otros puntos de suministro en el Pla d'Urgell llegan a los 2,149 euros por litro. Esta disparidad responde a factores estructurales, estrategias comerciales divergentes y la volatilidad del mercado internacional.

Cuando un conductor paga 1,85 euros por litro en el Pla d'Urgell, casi un euro va directamente a las arcas públicas. Esta presión fiscal determina el precio mínimo del cual ninguna gasolinera puede bajar, independientemente de su modelo de negocio o ubicación geográfica, actuando como una barrera que protege la recaudación de las administraciones.

Estructura de la fiscalidad sobre carburantes

La fiscalidad de los carburantes en España se estructura en dos impuestos principales que se aplican de manera diferente. El Impuesto Especial sobre Hidrocarburos representa una cantidad fija por cada litro vendido, independiente del precio del petróleo o del modelo de negocio del establecimiento. Este gravamen establece un nivel base de recaptación que el gobierno cobra invariablemente.

Este impuesto (IEH) consta, según explica Repsol a su web, de dos tramos: Un tramo estatal que es de 0,4007 €/l y que puede cambiar en función de los presupuestos generales del Estado, pero que lleva años sin variar. Y un tramo especial estatal (antes llamado autonómico), que está fijado en 72 € por cada 1.000 litros (0,072 €/l) y que se aplica de forma uniforme en todas las comunidades autónomas desde 2019, después de la armonización fiscal a nivel nacional.

El IVA, fijado al 21%, constituye el segundo pilar tributario y se aplica como un porcentaje sobre el precio total, incluyendo el Impuesto Especial. Este mecanismo genera un efecto multiplicador: cuando el precio base del combustible aumenta por tensiones internacionales u otros factores, la recaudación vía IVA también se incrementa proporcionalmente.

El doble gravamen: impuesto sobre impuesto

Uno de los aspectos más controvertidos de la tributación de los carburantes es que el IVA se calcula sobre el precio base más el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos. Esta fórmula implica que los consumidores pagan un impuesto porcentual sobre una base que ya incluye otro impuesto fijo.

En contextos de tensión internacional que encarecen el crudo, este efecto acumulativo amplifica el impacto de las subidas sobre el usuario final. La recaudación pública crece en dos direcciones: por el aumento del precio base y por el incremento del valor absoluto que representa el 21% de IVA sobre una cantidad más elevada.

Por qué persisten las diferencias de 40 euros entre municipios

Aunque los impuestos se aplican uniformemente a todos los establecimientos, la diferencia de 40 euros por depósito entre municipios persiste. La clave radica en la base imponible sobre la cual se aplican estos gravámenes. Las estaciones automatizadas de Térmens o Balaguer reducen costes operativos eliminando personal y servicios adicionales, lo que les permite ofrecer un precio base más bajo.

Como el IVA se calcula sobre el precio total, una base imponible menor genera un impuesto en valor absoluto también más reducido. En cambio, las estaciones con servicios completos del Pla d'Urgell mantienen estructuras de costes más elevadas, lo que aumenta tanto el precio base como la cantidad efectiva de IVA que se aplica.

Las crisis internacionales aumentan la recaudación pública

Las tensiones internacionales generan un fenómeno particular en la recaudación tributaria de los carburantes. Cuando el precio del barril de Brent se encarece por conflictos o restricciones de suministro, el coste de la materia prima sube mientras el Estado mantiene su gravamen fijo por el Impuesto Especial.

Simultáneamente, la recaudación vía IVA aumenta automáticamente porque el 21% de un precio elevado representa una cantidad superior al 21% de un precio bajo. Este mecanismo convierte las crisis internacionales en incrementos de recaudación pública, independientemente de los esfuerzos de las estaciones low cost por mantener precios competitivos, estableciendo un suelo tributario que impide que los precios desciendan más allá de ciertos niveles mínimos marcados por los impuestos fijos y porcentuales.

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