GOLPISMO
Siurana dice que Tejero perpetró un golpe burdo y propio de Torrente
“Los militares no le dieron credibilidad”, dice el exalcalde de Lleida. “La idea era una comida discreta, pero ya ves”, ironiza sobre el polémico ágape con Armada

El exalcalde leridano Antoni Siurana lee un SEGRE de ayer con la información sobre la desclasificación de ‘los papeles del golpe’. - PAU PASCUAL PRAT
“El 23-F es la prueba palpable de que Franco dejó el ejército y las fuerzas de seguridad hechos una mierda. No se entendían ni entre ellos", aseguró ayer el exalcalde de Lleida, Antoni Siurana, que el miércoles se convirtió, involuntariamente y de nuevo, en uno de los centros de atención al desclasificar el Gobierno los papeles del golpe: en varios de los 153 documentos publicados aparecen alusiones a la comida que compartió el 22 de octubre de 1980 en su domicilio con el entonces gobernador militar de Lleida, Alfonso Armada, y los dirigentes socialistas Enrique Múgica y Joan Raventós.
“Aquello no fue más que el uso legítimo del derecho que tenían Múgica y Raventós a conocer a un general que sonaba para ser jefe del Estado Mayor del ejército”, señaló. “Múgica había venido a Lleida para tener una reunión con UGT y dijo que igual podríamos aprovechar para comer con él”, recuerda. “Pensé en la que se montaría si nos presentábamos en un restaurante y dije: Vamos a hacerlo discreto, pero, caray, ya ves”.
El exalcalde sostiene que en esa comida no se habló de cambios de Gobierno ni se sondearon apoyos políticos o de otro tipo: “Nadie es tan idiota como para convocar un almuerzo así para conspirar, o al menos yo no lo soy. Una idea así no se le puede ocurrir a nadie”, zanja.
Las versiones de los cuatro comensales, tanto en la investigación de la intentona golpista como en sus testimonios durante el juicio como testigos (acusado, en el caso de Armada) y en sus declaraciones públicas, han coincidido siempre en ese aspecto. “Los leridanos tenemos la costumbre de comer todos los días y aquel dia comimos los cuatro, sin más”, apunta.
Siurana considera el planteamiento del golpe “tan burdo que ni los militares le dieron credibilidad. Era un golpe a lo Torrente”, en referencia al casposo personaje cinematográfico. “No fue un poco chapucero, fue totalmente chapucero”, señala, mientras recrimina a sus ejecutores que “hicieron que hiciéramos el ridículo como país, no nos representaban. Transmitieron a todo el mundo la imagen de país bananero y España no era el Caribe para nada”.
Armada, estrecho colaborador de Juan Carlos I durante décadas, fue la cabeza de una de las tramas golpistas que confluyeron en el 23-F. Fue gobernador militar de Lleida y jefe de la División de Montaña Urgell entre final de 1979 y febrero de 1981, cuando ascendió a segundo jefe del Estado Mayor del ejército. “Vino para tener mando en plaza, con tropas. Aspiraba a llegar a la Junta de Jefes del Estado Mayor”, recuerda.