25 años de eternidad: cuando el románico de La Vall de Boí se convirtió en universal

La iglesia de Sant Climent de Taüll.
La noche del 30 de noviembre de 2000, La Vall de Boí, la Alta Ribagorça y la demarcación de Lleida estaba pendiente de lo que estaba a punto de ocurrir en la otra punta del mundo. En la ciudad australiana de Cairns, los máximos responsables de la UNESCO debían pronunciarse sobre la candidatura del románico de La Vall de Boí a ser Patrimonio Mundial.
El expediente 988 fue resuelto favorablemente y la fecha se convirtió en un punto y aparte en la historia contemporánea del valle. La candidatura la había impulsado varios años antes la Diputación de Lleida, con el entonces presidente, Josep Pont, al frente, mientras que el ayuntamiento de La Vall de Boí, liderado entonces por el alcalde Joan Perelada, se encargó de presentarla ante la UNESCO. Ambas instituciones habían confiado desde el primer momento en este patrimonio y en sus posibilidades de convertirse en Patrimonio Mundial.
Las nueve iglesias reconocidas en la declaración son Sant Climent y Santa Maria de Taüll, Sant Joan de Boí, Santa Eulàlia d’Erill la Vall, Sant Feliu de Barruera, la Nativitat de Durro, Santa Maria de Cardet, la Assumpció de Cóll y la ermita de Sant Quirc de Durro. Construidas entre los siglos XI y XII, todas fueron encargadas por los señores de Erill y forman un conjunto icónico del románico lombardo, considerado el estilo arquitectónico de referencia para los nobles de la época.

Vista de Erill la Vall, con la iglesia de Santa Eulàlia.
Aquel 30 de noviembre, la UNESCO valoró dos características primordiales del románico del valle: por un lado, el hecho de ser testimonio de los intercambios culturales que hubo en todo el continente europeo en la Edad Media, con el valor añadido de que atravesaron los Pirineos; y por el otro, representar un ejemplo de arte románico que se ha mantenido casi intacto en un entorno natural y urbanístico poco alterado, hecho fundamental para la comprensión de la arquitectura medieval en su emplazamiento primigenio.
El hecho de que las pinturas murales originales que se habían conservado hasta principios del siglo XX estuvieran en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) de Barcelona no fue un hándicap para la resolución final. Bien mirado, el reconocimiento internacional seguramente fue el revulsivo necesario para que en 2013 se instalara el mapeo de las pinturas de Sant Climent de Taüll, que permite contemplar al emblemático Cristo en Majestad en su emplazamiento genuino.
El turismo cultural en La Vall de Boí se multiplicó rápidamente desde la obtención de ese reconocimiento. De hecho, la cifra anual de visitantes se ha cuadriplicado en estos veinticinco años. Esto demuestra que el sello de la UNESCO es el sello de prestigio en el ámbito del patrimonio cultural y es un marco inestimable para la conservación, promoción, estudio y proyección del conjunto monumental del valle. Y, además, ha permitido atraer a turistas interesados en conocer un municipio y una población local que cuida el patrimonio y también su historia.
Texto: Jaume Barrull Castellví