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Javier Milei, candidato a presidente de la República Argentina, habla con su perro, pero eso es lo único normal que hace, incluso teniendo en cuenta que su perro está muerto. Hablar con los perros es la cosa más natural del mundo, pues estos animales, a diferencia de la mayoría de las personas, escuchan, y hablar con ellos estando difuntos es síntoma de que no se les ha olvidado. Ahora bien; Javier Milei es una criatura tan limitada moral y espiritualmente, que para hablar con su perro muerto, Conan, necesita un médium.

A partir de ahí, todo en Milei es perturbador y catastrófico, lo que, eso sí, podría conducirle a la presidencia de Argentina tranquilamente. El personaje, admirador de Trump y Bolsonaro, y simpatizante de Vox, es partidario de las armas, de la prostitución, de la venta de órganos y aun de niños, de la privatización total de Estado y de otra porción de enormidades. Como es natural tratándose de semejante ser, es negacionista del cambio climático, esa cosa que se han inventado los rojos para meter miedo, y se reputa de “anarcocapitalista” y de “libertario de mercado”, siendo esto frecuente, lo de tildarse de ácrata en cualquiera de sus modalidades, entre la gente de ultraderecha. Con lo relacionado hasta aquí, bastaría para componer el perfil de un desequilibrado, pero lo de necesitar un médium para hablar con su perro muerto es, desde el punto de vista psicológico, la gota que colma el vaso.

Porque Milei no sólo usa un médium para charlar con Conan, sino que, cuando murió el pobre cánido, le hizo clonar y ahora, por lo visto, disfruta de la compañía de cuatro o cinco réplicas del original. Claro que el presidenciable no se conforma con disfrutar de un modo corriente, lanzando palos para que los chuchos los traigan o paseando con ellos por el campo, que en Argentina hay mucho, sino que disfruta de su asesoría política y económica, o eso dice él. Así, entre la comunicación a distancia con Conan y la presencial con sus clones, el tipo ha elaborado un programa tan majadero que está teniendo un éxito enorme.Ha salido hace poco un libro, El loco, de Juan Luis González, que biografía al personaje. Si la locura es el sufrimiento inútil, pues todo dolor sirve para algo pero el de la locura no, estamos ante una criatura que, a lomos de esa fuerza y de ese magnetismo propios de los orates, podría llevar a los argentinos, tan hechos a sufrir, a sufrir mucho más y mucho más inútilmente.

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