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¿Transformación, postureo o disfraz?

(*) PAU SAMO es experto en Branding, Posicionamiento Personal y Corporativo. Lecturer, speaker y consultor de INGENIO, Leadership School.

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La transformación digital es quizás el tema sobre el que más hablamos en las organizaciones y menos sabemos cómo llevar a cabo. Además, en los departamentos comerciales es un tema especialmente crítico. Salvo honrosas excepciones, claro, vamos muy perdidos. Seguramente la causa de ello es que no disponemos de un manual, un modelo a seguir o ejemplos de terceros que podamos aplicar. Siempre hay algún aspecto que chirría.

Yo tampoco voy a decirle cómo debería hacerlo usted, se necesitan más de unos pocos artículos para ello y ser un experto en su campo, pero me atrevo a dar dos pistas. Transformación Digital implica dos cosas: transformarse y digitalizarse. Obvio, ¿no?

Pues vamos por partes:Transformación: ¿a qué empresa le gusta transformarse? Si la suya hoy es rentable, no tiene motivos para ello y, si no lo es, ya tiene bastante con sobrevivir. Somos inmovilistas por naturaleza y transformarse implica asumir riesgos, ir a lo desconocido, exponerse ante los demás y un largo etcétera de situaciones incómodas. Digitalizarse: esto sí que nos gusta. Tener aparatitos táctiles, acceso a internet, tener todo disponible en cualquier lugar y en cualquier momento, perfiles en todas las redes sociales, web nueva y ordenadores personales de última generación. ¿A quién no le gusta vivir así en su trabajo?

¿Cuál está siendo la consecuencia? Las tendencias de la gran mayoría de procesos de transformación digital han hecho lo siguiente: Digitalizarse sin transformarse. Es decir, hacemos exactamente lo mismo que hacíamos antes, pero con aparatitos caros, softwares caros y pendientes del postureo en redes sociales de nuestra empresa y de la competencia. A esta estrategia deberíamos llamarla algo parecido a Disfraz Digital. Únicamente le hemos puesto un vestido falso por encima. Koetler lo resume muy bien: “Una empresa vieja con tecnología no es una empresa moderna, es una empresa carísima.” A pesar de ello, es admirable que por lo menos se ponga empeño en ir por este camino, sabemos que tampoco es un camino de rosas. El esfuerzo debe ser admirado siempre.

Transformar una compañía implica transformar a las personas que la integran, incluyendo a la CEO y a la operaria que acaba de llegar. Es una cuestión de cultura corporativa. Casi todas las expertas coinciden en que es necesario poner a los empleados y al cliente en el centro de todo y estos, hoy en día, tienen infinitas posibilidades de influir sobre nuestra empresa, desde las opiniones en foros a las comunidades de cocreación de nuevos productos. Ya no es que debamos dejar de ser silos herméticos entre los departamentos de nuestra compañía. Es que deberíamos dejar de ser silos con los stakeholders de nuestra industria. ¿Cómo vamos a usar el Big Data si solo disponemos de nuestros propios datos? ¿Cómo vamos a usar la Inteligencia Artificial si no sabemos gestionar la enorme inteligencia de las personas que trabajan en la empresa? ¿Cómo vamos a robotizar la atención al cliente si no sabemos qué le preocupa con total detalle? Quizás un modelo de apertura total sería atrevido pero muy adecuado para dejar fluir información, dejar explotar el talento de las personas dentro de la compañía y participar activamente en el proceso de liderazgo transformador de tu sector... casi nada. Pronto está dicho. Hay muchas incógnitas y pocas respuestas.

Personalmente me quedo con dos preguntas: ¿qué puedo transformar en mi empresa hoy? Y yo, ¿me he transformado o me he disfrazado?

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