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Falleció Xavier Garcia. Un erudito sin pretensiones que no dejaba indiferente. Hace unos años, en la presentación de un libro, dedicó 45 minutos a saldar exabruptos. Nadie osaba levantarse para no comprobar cómo reaccionaría aquel hombre finito de mirada viperina. Sin embargo, los últimos 5 minutos fueron tan magistrales que convencieron de que había valido la pena aguantar tanta burlesca. 

Tàrrega debe mucho a Garcia, sabía trasladar a su ciudad su capacidad de trabajo y su entusiasmo. No era divertido, Garcia era poco dado a mirar de caer bien, pero era intenso y brillante. Así, durante años el Sant Jordi fue una gala de su saber hacer; sus exposiciones, conferencias y proyectos ponían a Tàrrega en un listón alto. De su trabajo destacaría sus estudios sobre el escritor de Tàrrega Manuel de Pedrolo. En 1995, el número 2 de la colección Natan publicaba Pedrolianes, un trabajo que posteriormente le valdría la tercera beca Manuel de Pedrolo con una exposición en la que participaron los artistas Jordi Colilles y Manel Garriga. La aportación de Garcia también estuvo presente en el Premi 7Lletres, dedicado a dar a conocer a Pedrolo. Se ocupó de diseñar y coordinar la visita guiada a la Tàrrega Pedroliana, que descubre a través de la obra de Pedrolo rincones de su ciudad. Garcia era un noctámbulo, sabía beber de la noche y una de sus perlas es el artículo que dedicó en 2008 al Guantxo en su libro Sense càrrec. Su genialidad literaria podía despertar interés en cualquier persona. Ese mismo año, Guixanet inmortalizaba el personaje de Guantxo como uno de los nans que hoy explican la ciudad. En la plaza dels Comediants, mientras recitaba la Súplica para ser enterrado en la playa de Sète, de George Brassens, unos músicos acompañamos al Xavier Garcia rapsoda. Se sentía cómodo recitando los versos de aquel francés solitario como Garcia, que sabía trasladarnos como pocos al mayo del 68. 

Con Xavier Garcia aprendimos que sentirnos mal era parte de su forma de presentarse, decía las cosas de la forma que menos nos habría gustado escuchar. Luego sabía poner en valor y agradecer haber compartido nuestra compañía. Garcia era tan incómodo como necesario y brillante.

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