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Han pasado dos años de un naufragio que sacudió a un pueblo costero gallego y ensombreció la vida de sus gentes, pero uno de los supervivientes cree que es hora de olvidar el luto y recuperar lo que el drama dejó apartado, y junto a una de las viudas de aquella tragedia, una percebeira con dos hijas, intentarán animar a los del lugar para volver a unirse y retomar la tradicional rondalla, que forma parte del folklore popular, y de este modo poder concursar de nuevo en el encuentro anual de Rondallas.

Visto así, el argumento es simple, incluso ingenuo, pero el realizador Daniel Sánchez Arévalo, con oficio, le pone sentimiento a esta película que tiene en su haber a ese siempre solvente actor Javier Gutiérrez como centro por el que gravitan un grupo de personajes que tratan con franqueza sus propios dramas. Esa chispa y honestidad que destila Rondallas la aleja de manipulaciones forzadas, dosifica las penas y las revierte en situaciones cómicas y ocurrentes, en golpes de ese carácter propio de la gente corriente.

Rondallas es una película muy viva, donde el lisiado borrachín impenitente, también superviviente de aquel naufragio, le pone sentido del humor con su carácter aparentemente agrio y no pocos valores humanos; en el que el romance entre dos jóvenes con sus penas y alegrías tiene encanto; donde esos dos policías hermanos mellizos y su permanente rivalidad forman una divertida pareja que interpretan con gracia Tamar Novas y Xosé A. Touriñán. Y así, entre todos, dan brillo a una historia que nos habla de superación y unidad sin necesidad de llenarnos la cabeza con disquisiciones profundas y enrevesadas.

Aquí todo es directo, no hay pliegues, se siente como se siente, incluso con un tema de Coldplay que resuena entre gaitas y tambores y que, lejos de parecer ridículo, se celebra porque agrupa y logra que muchos sean uno solo.

No nos vayamos a poner exquisitos, no deberíamos buscar trampas emocionales. Rondallas es una bonita película.

Contiene personajes entrañables en su espontaneidad, no esconde la añoranza de aquellos que ya no están ni de los que siguen pegados al mar y la lluvia pero que tienen en su folklore, en sus raíces, la fuerza que los congrega, que contagia de una alegría sincera.

Rondallas logra que salgas contento del cine porque Daniel Sánchez Arévalo nos ha acercado a los sentimientos de otros y te los ha hecho sentir. Eso es importante. No se te cae el mundo encima con dramas severos.

Rondallas

Todo aquí tiene el ritmo de las cosas vivas, sentidas, porque aporta humanidad, porque forma parte de la vida en sí. Nada más y nada menos.

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