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Cabe decir que La asistenta trasvasada al cine es la consecuencia natural de un best seller en toda regla firmado por la estadounidense Freida McFadden. Una novela que han leído millones de personas, así que llevar esta historia intrigante y repleta de giros, maliciosa y con no poca crueldad física y psíquica a la gran pantalla es como jugar a caballo ganador. Hay que reconocerle a este juego macabro trazado entre tres personajes originalidad y más de una sorpresa que se nos irá regalando con perfecta dosificación para lograr aquello tan reconocible de que nada es lo que parece ser, a través de promover una maquinaria bien engrasada para generar mucha expectación. Todo un muestrario del mal, un manual de perversidad que atrapa como una tela de araña incluso a aquellos que devoraron el libro, pues el realizador Paul Feig, uno de los responsables de la magnífica serie Mad Men, domina los espacios cerrados y convierte una lujosa mansión en una trampa de la que salir solo será posible entrando de lleno en vilezas y engaños. A esa casa de ricos comenzará a trabajar como asistenta una joven (Sydney Sweeney), que necesita ese trabajo como respirar ya que se encuentra en libertad condicional a causa de un pasado bastante dramático. Todo es armonía en la casa Winchester, con un marido que es la viva imagen del príncipe azul, cariñoso, comprensivo y guapo (Brandon Sklenar), y con una esposa (Amanda Seyfried) que hará saltar chispas, ya que de golpe mostrará su faceta más desequilibrada y absolutamente perturbada, amén de una hija bien rarita que todo lo observa con mirada ausente, igual que el jardinero, testigo de lo que realmente sucede en ese lugar.

En La asistenta todo avanza hacia el desastre y, a su vez, hacia un romance previsible. Todo va cobrando un sin sentido que incluye a la madre de ese oscuro objeto del deseo, una mujer que es un témpano de hielo, despreciativa con solo mirarte.

La asistenta

Lo interesante de esta siniestra historia es el giro que toma hacia la mitad de la película, ese hecho extraño de la esposa repudiada y su gesto al marcharse de aquella casa. A partir de ahí, todo es demencial, incluso más que antes. La trama adquiere una intensidad y crueldad trazada con maestría, marcando hechos feroces y venganzas con marchamo femenino, asentándose en duelos físicos que van más allá de La guerra de los Rose –por citar una película más divertida que esta pero igual de salvaje–, que tensiona y manipula sus excesos y los amplifica para que nos lo pasemos muy bien viendo cómo los personajes lo pasan rematadamente mal.

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