Brasil 1977.El agente secreto
Se sabe bastante sobre los oscuros años de la dictadura argentina. Una herida que no cesa, que sigue sangrando, pero poco de la brasileña, tan olvidada y lacerante. Gracias a películas como Aún estoy aquí (2024), dirigida por Walter Salles y Oscar a la Mejor Película Internacional, regresan a la pantalla los fantasmas de un tiempo sombrío, y ahora con El agente secreto de Kleber Mendonça Filho -uno de los mejores cineastas del país con títulos como Doña Clara (2016) o Bacurau (2019)-, nos muestra la realidad de un Brasil intrigante y peligroso cuando ostentaba la presidencia el general Ernesto Geisel (1974-1979), quien participó en el golpe militar instaurado en 1964 y que ostenta el dudoso honor de ser el cuarto de los cinco presidentes de una nación amordazada durante aquella dictadura.
El agente secreto traza un argumento complejo, muy coral, donde algunos de los personajes se presentan a sí mismos con nombres falsos, emotivos como Doña Sebastiana -interpretado por la veterana Tania Maria-, que acoge personas en peligro, en un reparto encabezado por Wagner Moura, al que ya vimos en la excepcional Tropa de élite (2007) o en la serie sobre el narco Escobar -acuérdense de la frase Plata o plomo-, un actor con alto sentido interpretativo y que nunca deja de sorprender por ese halo misterioso que siempre le acompaña, por esa mirada profunda, y aquí, con ese sentido de inseguridad personal que le va acompañando durante toda la trama. Policías temibles, asesinos a sueldo, empresarios infames se entremezclan en esta sólida mirada de una época donde la vida valía bien poco, y con la naturalidad que desprende la película mostrando cadáveres olvidados junto a gasolineras y otros sin identidad lanzados al río.
El agente secreto, que se inicia al ritmo de una hermosa Samba No Arpège de Waldir Calmon entremezclando fotografías de gente alegre y cariñosa, marca, sin embargo, el prólogo de una historia macabra, con escenas poderosas como la persecución en torno a un asesino profesional, o ese círculo trágico que se va cerniendo sobre el protagonista.
La historia de un profesor que huye hasta Recife de una venganza anunciada, un lugar donde no encontrará tampoco la calma y que intenta salir de Brasil junto a su hijo, marca un hilo conductor capaz de utilizar el humor en la secuencia de una pierna arrancada por un tiburón que siembra el pánico en un amoroso parque, y que a su vez, también homenajea el júbilo del carnaval, y del cine, o mejor dicho, de los cines condenados a desaparecer. Todo ello enmarcado en un 1977 para no olvidar.