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En un principio Manas (Hermanas) tenía que ser un documental ya que el trabajo de Marianna Brennand ha sido el de documentalista con dos producciones hasta la fecha dentro de ese campo, pero la temática de una historia tan dolorosa como esta por realista le impedía por ética humillar a las víctimas ante la cámara a la hora de entrevistarlas, niñas y adolescentes atrapadas en un submundo cruel y ultrajante. Por ello, la cineasta premiada en Venecia y Huelva por esta película decidió trazar una historia de ficción enraizada en una realidad que lleva desarrollándose desde hace décadas en apartadas zonas selváticas del Amazonas, concretamente en la isla de Marajó en el estado de Pará, donde un sistema patriarcal feroz convierte en normalidad el abuso sexual de un modo constante. Todo ello ante la mirada ausente de los habitantes de la zona o de los que padecen el mismo problema dentro de sus propias casas, una situación sumada a la inoperante labor de las autoridades cuando intentan solucionar problemas que, sin embargo, devuelve a las víctimas al mismo infierno que habitaban antes, como una maldición que gira en torno a sueños infantiles rotos y que cercena cualquier tipo de desobediencia.

Manas, con toda la sensibilidad posible, no muestra explícitamente los actos que denuncia.

Todo se intuye en la mirada de Danielle, una joven de 13 años, en su sensación de indefensión del día a día en esas casas miserables donde reina un temor que se respira, donde incluso la madre que también soporta sus traumas carece de voluntad para evitar los abusos. Danielle desea huir de aquel lugar como hizo en su día su hermana mayor, y siente una fuerte inclinación por proteger a su hermana menor de ese padre, ese depredador que hace del miedo su arma más conveniente.

Marianna Brennand, mostrando momentos de sensibilidad en la figura de la protagonista, de esa inocencia que se niega a ser destruida por una realidad terrible, no elude el carácter de denuncia de unos hechos que se vienen sucediendo donde los ruidos se apagan entre la frondosa naturaleza, incluso mostrando esas barcazas que son como prostíbulos para menores de las que se aprovechan marinos que no cumplirán sus falsas promesas.

Hay un mensaje explícito y rotundo en la película sobre alguien que no se conforma con ser una más en esa maliciosa costumbre, que hay dentro de su ser una rebeldía latente dentro de un drama poderoso que destila verdad, una verdad que existe y nos golpea de frente, porque hay demasiados lugares en el mundo donde coexisten heridas morales y una opresión que no cesa sobre muchos seres indefensos.

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