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Puede sonar reiterativo, pero remarcar y no cansarse de señalar que Hayao Miyazaki es un verdadero genio, que ha dejado huella en el anime japonés y ha mostrado a lo largo de casi medio siglo mundos fascinantes, ideando una imaginería extraordinaria que magnetiza en cada plano, no es exagerar, es decir lo correcto, lo justo, lo evidente.

Ahora que se celebran 40 años de la realización de esta obra maestra de la animación, vuelve a los cines El castillo en el cielo, también coincidiendo con el Premio Princesa de Asturias otorgado a los Estudios Ghibli, esa fábrica de construcción de sueños a través de películas tan hermosas como comprometidas con el medio ambiente, con la inutilidad de la violencia y la sincera amistad entre los personajes que desarrolla.

El castillo en el cielo está considerada como una de las obras capitales de Miyazaki, sin olvidar a su mano derecha Isao Takahata, cofundador de los míticos estudios y fallecido en 2018. Si bien cada admirador tiene sus preferencias, véanse: Mi vecino Totoro, La princesa Mononoke, la oscarizada El viaje de Chihiro, Ponyo en el acantilado, la también oscarizada El niño y la garza o, para el que suscribe estas líneas, Porco Rosso, El castillo en el cielo, que marcó el lanzamiento internacional de Miyazaki y de lo que habría de venir.

Aquí, una niña de nombre Sheeta, junto a un joven trabajador en una mina en claro declive, deberán hacer frente a un ambicioso personaje que anda tras una pequeña piedra que guía el camino hacia una ciudad flotante milenaria y abandonada, a la sabiduría que esconden sus secretos muros y para otros, a los tesoros que guarda.

Miyazaki muestra una familia de piratas del cielo con buen corazón, a un ejército al mando de un descerebrado militar, naves asombrosas, robots, y a uno en especial que, visitando en Tokio los estudios Ghibli, pueden ver en una imponente réplica que se ha convertido en todo símbolo. En la película hay de todo, acción, sentimiento, destrucción y un halo de esperanza hacia la naturaleza, hacia la vida, y eso la convierte en entrañable.

El castillo en el cielo

Un dato singular es que la ciudad en las nubes tiene un nombre a simple vista grosero, pues se llama Laputa. Por ello, se intentó cambiarle el nombre, pero con buen juicio se volvió al original ya que ese lugar fantástico en realidad fue creado por Jonathan Swift y descrito en Los viajes de Gulliver (1726), que Hayao Miyazaki utilizó como homenaje al satírico escritor irlandés. Un verdadero lujo regresar a esta demostración de talento de un creador que, sin duda, ha tenido y tiene la facultad de deslumbrar a varias generaciones de espectadores.

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