SEGRE

Creado:

Actualizado:

Una película sencilla en su concepción pero que guarda numerosos recovecos y pensamientos, algunos de ellos inservibles e inútiles en esa pareja de bebedores impenitentes que en su deambular nocturno y diurno buscan esa última copa, que son muchas últimas copas, que conducen de un lado a otro por las carreteras cercanas a la laguna veneciana, pero que también reflejan entre diálogos absurdos de tipos despreocupados y de vuelta de todo más de una reflexión profunda sobre las pequeñas cosas, sobre el fracaso y las efímeras victorias.

Carlobianchi y Doriano son unos veteranos de la vida y sus reveses que recuerdan en más de una ocasión personajes de las películas del magnífico realizador Aki Kaurismäki como, por citar una, La vida de bohemia (1992), tan triste como maravillosa loa a la amistad entre tres pobres artistas y sus miserias en un París ajeno.

En La última ronda en Venecia el director Francesco Sossai logra que empaticemos con esas dos almas tan apegadas la una a la otra, tan borrachas y despreocupadas que esperan a un tipo que llaman el Genio, que formó parte de su pasado y que en algún momento retornará de su exilio argentino tal y como lo recuerdan, pero que como muchas cosas que el tiempo arrastra, no será el mismo con el que años antes compartieron mesa y alguna fechoría.

Lo que amplía la trama y la torna aún más interesante forma parte de la casualidad, del encuentro de estos dos seres tan patéticos como afables y simpáticos con un tímido joven estudiante de arquitectura que padece mal de amores, introvertido en sus sentimientos y que arrastrarán hacia la aventura de los bares abiertos. Son un trío atípico, al que la locura de vivir el momento choca con la disciplina del muchacho que se tuerce con facilidad por los consejos, burdos unos y profundos otros, de esos dos nuevos amigos, esporádicos pero que dejan huella. No existe aquí una Venecia de postal sino carreteras nocturnas, gasolineras y locales diversos, momentos estáticos cuando no se va a ninguna parte, o a donde aburre regresar. Y con todo, esta es una película optimista, con fuerte carga de camaradería y lealtad, como una lección de vida que abre los ojos de un tierno enamorado que aprende a dar pasos y que ama todo lo bello como esa tumba que es una joya de la arquitectura contemporánea de Carlo Scarpa.

La última rondaen Venecia

La última ronda en Venecia tiene en su propio desorden un recorrido vital, por momentos realista y desaliñado con aire de resaca, pero en otros brilla porque en los seres más improbables hay encanto, en su inmadurez, en su rebeldía etílica, en su ternura hacia quien verdaderamente se lo merece.

tracking