Delicia para los sentidos
El Cafè de Teatre de Lleida acogió recientemente un concierto que volvió a poner en valor la vigencia del folk-rock de autor interpretado desde la cercanía y la coherencia artística. El protagonista fue nuestro viejo conocido Brian Caffrey, cantautor irlandés afincado desde hace años en Granyena de les Garrigues quien, fiel a un compromiso anual inquebrantable con su público y seguidores locales, ofreció una actuación sólida, sincera y muy bien acompañada, en la que las canciones y las historias fueron el verdadero eje vertebrador del recital. Nacido en Dublín, creció musicalmente en el seno del folk de su país, donde la canción popular cumple una función narrativa y emocional fundamental, entre la tradición y la modernidad. A esas raíces se suman influencias personales claras del rock de autor de los años sesenta y setenta, con referentes como Van Morrison, Neil Young, Bob Dylan o su paisano Christy Moore, artistas que han sabido unir melodía, poesía y compromiso emocional. En un cancionero propio que, con el paso del tiempo, ha ido ganando profundidad y matices sin perder un ápice de autenticidad, Caffrey ha logrado integrar nuevas vivencias y paisajes de su universo creativo propio, algo que se percibe en sus letras y en su singular manera de afrontar su trabajo en directo. Sobre el escenario destaca un estilo interpretativo sobrio y eficaz a partir de su característica voz, grave y ligeramente rasgada, transmitiendo experiencia y verdad, y apoyándose en una interpretación contenida que huye del exceso para centrarse en el mensaje. Caffrey canta como quien relata experiencias compartidas, estableciendo una comunicación directa con el público, e intercambiando con él diálogo y confidencias. En el plano compositivo, sus canciones destacan por estructuras claras y melodías accesibles, con arreglos que crecen de forma orgánica. Las letras abordan temas universales como el paso del tiempo, la identidad, los viajes físicos y emocionales o la necesidad de arraigo, siempre desde una mirada reflexiva y cercana. No hay artificios innecesarios, sino un equilibrio cuidado entre palabra y música. Sin olvidar, el papel fundamental durante el espectáculo de la banda que le acompañó. A las guitarras, Xavi Roma aportó sensibilidad y elegancia, combinando pasajes acústicos delicados con intervenciones eléctricas más enérgicas, siempre al servicio de las canciones y ese sonido ambiental tan agradable. Al bajo, Quim Ramon construyó una base sonora cálida y melódica, llena de profundidad y cohesión para el conjunto. Por fin, a la batería, Àlex Gaspa se mostró sólido y atento, marcando el pulso con discreción y criterio, y reforzando el carácter íntimo y placentero del repertorio.
Folk-rock
Durante todo el show, el público respondió con atención y respeto, consciente de estar gozando de una propuesta honesta y bien trabajada y que, en un espacio de aforo reducido y de acústica cercana como el Cafè del Teatre, las canciones de Caffrey encuentran su entorno de escucha más ideal. En resumen, una noche que confirmó, más allá de modas, que el folk-rock de autor sigue teniendo un lugar destacado cuando se defiende con canciones, oficio y verdad. Para todos los que disfrutamos de tal oportunidad, una auténtica delicia para los sentidos con un Brian Caffrey luciendo su espléndida madurez artística.