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El Auditori Enric Granados acogió una de esas propuestas que trascienden la simple nostalgia para convertirse en ejercicio artístico de primer orden. El pianista y compositor leridano Antoni Tolmos presentó Recuer80s, un espectáculo en el que revisita el repertorio de la Movida con una mirada personal, refinada y sorprendentemente contemporánea. Desde los primeros compases, quedó patente su solvencia técnica, bien conocida por supuesto, y una capacidad de conexión y empatía sobresalientes para con su público. Tolmos domina el teclado con una naturalidad que evita cualquier tentación exhibicionista pues su virtuosismo no busca deslumbrar, sino construir discurso y trascender. Cada pieza se articula con precisión, cuidando bien la dinámica y el fraseo, lo que permite que las melodías respiren y evolucionen con coherencia interna. Su pulsión limpia y ese control del tempo, que ejerce con maestría, sostienen versiones que, aún partiendo de materiales reconocibles, como en este caso piezas de diferentes creadores y bandas de hace más de cuarenta años, adquieren una dimensión completamente nueva. Pero es en el terreno armonioso, sobre todo, en el que el artista alcanza mayor profundidad y aptitud para ir más allá de lo evidente. Lejos de limitarse a una transcripción sonora, Tolmos reinterpreta, reformula y, en muchos casos, resignifica canciones que marcaron una época para muchos de nosotros. Los temas, concebidos en su mayoría originalmente para formaciones eléctricas y estructuras pop, encuentran en su piano, digamos clásico, un inesperado y bello espacio de introspección. Las líneas melódicas emergen despojadas, revelando matices que, en su contexto original, sin duda más vestido, podían pasar desapercibidos. Uno de los mayores aciertos del concierto, y su gran aportación, radica en su innegable habilidad para ‘dar la vuelta’ a piezas ampliamente conocidas como La chica de ayer, Cadillac solitario, Bajo la luz de la luna, No dudaría o El límite, entre varias más de perenne evocación. Sin traicionar su esencia, el pianista introduce cambios armónicos sutiles, variaciones rítmicas y desarrollos que desplazan el centro emocional de las obras. Así, lo que en su día fue euforia generacional se transforma aquí en añoranza íntima, en un diálogo bello entre pasado y presente que evita caer en el mero homenaje o en cualquier mimetismo superfluo. El público, heterogéneo y atento, casi todo de cierta edad, respondió con una escucha respetuosa, consciente de estar ante algo más que un repertorio revisitado. Recuer80s no es un puro ejercicio de memoria, sino una propuesta con identidad propia, en la que la inteligencia musical de Antoni Tolmos convierte lo familiar en redescubrimiento. Un concierto que confirmó su madurez artística y su bien hacer para seguir explorando nuevos territorios sin perder raíz ni sensibilidad, pero sabiendo tocarnos el corazón.

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