Muy buen tipo
El reciente paso por España del veterano cantautor norteamericano Elliott Murphy ha vuelto a confirmar que hay carreras, como la suya, que no entienden de desgaste, sino de sedimentación artística y resiliencia. A sus magníficamente llevados 77 años, y con más de medio siglo de trayectoria, Murphy mantiene intacta la voz, pero también una creatividad que no solo resiste el paso del tiempo, sino que parece enriquecerse con cada nueva salida a la carretera. Instalado desde hace décadas en París, aunque con el pulso siempre conectado a la tradición rock y folk de su país, su regreso entre nosotros fue, una vez más, una lección de coherencia y sensibilidad. Aparte de en Lleida, la gira ha recalado en varias ciudades más, dejando tras de sí una estela de conciertos íntimos pero intensos, y en los que la cercanía con el público se convierte en un elemento hermoso y esencial. Como suele, el neoyorquino estuvo acompañado por su inseparable guitarrista Olivier Durand, escudero y cómplice perfecto en matices y energía, además de por la brillante violinista y corista australiana Melissa Cox, que aporta una delicadeza melódica fundamental, y por Alan Fatras a la batería y percusión, reforzando la base rítmica con elegancia y sobriedad. Juntos configuraron un sonido compacto y matizado, capaz de transitar con naturalidad entre la intimidad acústica y momentos de mayor intensidad. Sobre el escenario, su estilo interpretativo sigue siendo directo, elegante y profundamente emocional, no necesitando artificios pues basta su voz, su guitarra y una forma de decir que conecta de inmediato con el oyente. Murphy canta como escribe, con una honestidad desarmante y una mirada literaria que lo sitúa en una tradición poco frecuente dentro del rock. Sus letras, siempre cargadas de referencias culturales, memoria personal y observación urbana, mantienen una calidad poética que lo distingue claramente de muchos de sus contemporáneos. En lo musical, su obra continúa navegando entre el rock de raíz americana, el folk y ciertos destellos de chanson europea, fruto de su larga residencia en Francia. Dicha mescolanza estilística le otorga una identidad singular, cosmopolita pero profundamente arraigada en la narrativa clásica del songwriter. No en vano, su haber discográfico alcanza ya los 35 álbumes, siendo el más reciente, Infinity (2025), la nueva muestra de su inagotable inspiración y que en Lleida trufó con clásicos de toda su carrera y algún cover como el celebérrimo Like a Rolling Stone. Lejos de convertirse todo en un ejercicio de nostalgia, esta gira ha sido pura reafirmación artística y las dos excepcionales horas de show que nos obsequió, una auténtica celebración para todos los que le seguimos y admiramos. Al final, departió con sus fans locales, charlando y firmando discos y fotos y mostrándose muy educado y como lo que es: un muy buen tipo.