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La actuación de las fuerzas de seguridad a raíz de los atentados del jueves en Barcelona y Cambrils, con los Mossos d’Esquadra a la cabeza, ha sido aplaudida tanto por su efectividad como por su política informativa, ponderada y precisa. Los políticos también han estado a la altura de las circunstancias, con más o menos urgencia a la hora de dar la cara y las valoraciones, y con respeto institucional en un momento crítico para la sociedad catalana. Pero ayer, solo 48 horas después de las tragedias que han costado la vida de momento a 14 personas y heridas a decenas más, los responsables de nuestra seguridad dieron diferentes versiones de la actualidad de los hechos, divergencias que en nada ayudan a tranquilizar a unos ciudadanos que se han visto en medio de la sinrazón terrorista. En este sentido, el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, tras anunciar que se mantenía el nivel 4 de alerta terrorista con algunas medidas adicionales (elevarlo a 5, el máximo, hubiera supuesto incluso la activación de las Fuerzas Armadas para determinadas labores y la restricción del espacio aéreo), dio por desarticulada la célula yihadista que sembró el terror el jueves.

Quizá su objetivo era tranquilizar a la población, pero sus palabras fueron desmentidas poco después desde la conselleria de Interior y desde el propio cuerpo de los Mossos d’Esquadra, explicando que, mientras siga huido el principal sospechoso de conducir la furgoneta que sembró el caos en Les Rambles, Younes Abouyaaqoub, las investigaciones seguirán abiertas y será la propia policía autonómica la que dará por finalizadas sus pesquisas cuando este extremo ocurra. Y es que resulta como mínimo sorprendente que el titular de Interior intente minusvalorar la situación cuando, efectivamente, falta por detener al principal sospechoso de los atentados, así como Abdelbaqi Es Sattii, imán de Ripoll (población donde residía Abouyaaqoub), que ha cobrado un protagonismo especial en las últimas horas tras haber desaparecido sin dejar rastro, aunque podría ser uno de los muertos de la explosión de Alcanar. Así las cosas, es necesario que las informaciones oficiales no difieran y que todos los implicados en la seguridad ciudadana primen precisamente esto, nuestra seguridad.

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