Medidas contra la multirreincidencia
La proliferación de delincuentes que son multirreincidentes suele generar alarma social. Todos hemos oído comentarios de que la policía detiene a un ladrón y el juez lo deja en libertad, a veces incluso por boca de los propios agentes de los cuerpos de seguridad. En nuestra edición de hoy damos cuenta de que veinte delincuentes que están fichados por el Área Básica Policial (ABP) del Segrià de los Mossos d’Esquadra acumulan un total de 359 antecedentes. Los líderes de tan singular ranking son uno que cuenta con 39 y dos más que tienen 38. Los responsables de la policía catalana y las autoridades asumen que estos datos causan preocupación entre los ciudadanos. El reto es cómo afrontarlo. En febrero, el Congreso de los Diputados aprobó una proposición de ley presentada por Junts que eleva los castigos para estos casos. Así, el delito de hurto, que engloba fundamentalmente sustracciones de poco valor, pasará a tener una pena de entre uno y tres años de prisión si el encausado ya ha sido condenado anteriormente al menos tres veces por el mismo motivo, y se considera un agravante que el objeto robado sea un móvil u otro dispositivo con datos personales. Esta reforma penal salió adelante con el apoyo del PSOE, PP, Vox y PNV, y ahora se está tramitando en el Senado, donde el PP, que tiene mayoría absoluta en esta Cámara, y Vox han presentado enmiendas cuyos objetivos, entre otros, es endurecerla más y facilitar la expulsión de migrantes. Habrá que ver cuál es el redactado final de la ley, que deberá volver a pasar por el Congreso para su aprobación definitiva. De entrada, parece razonable que la reiteración delictiva se tenga en cuenta a la hora de aplicar los castigos. Ahora bien, también hay que contemplar cuestiones que van más allá del propio Código Penal. Como señala el jefe de investigación de los Mossos del ABP del Segrià, entre estos ladrones de poca monta abundan los que son adictos al consumo de sustancias estupefacientes o los que han vivido siempre en entornos marginales y lo que necesitan es recursos asistenciales para poder salir de estos entornos. La virtud suele estar en el término medio, y a la hora de abordar la multirreincidencia sería recomendable complementar las medidas punitivas con las sociales.
Insultos intolerables
Los insultos racistas son intolerables en cualquier lugar, y más aún en un recinto deportivo, porque uno de los valores que encarna el deporte es el respeto. El colmo es que se registren en competiciones amateurs como el fútbol territorial. Por eso los aficionados que insultaron al portero visitante en el partido Verdú-Tremp se merecen un castigo, que a ser posible debería incluir acciones educativas.