La guerra de Trump que pagamos todos
Estados Unidos e Israel lanzaron su primer ataque contra Irán el pasado 28 de febrero. Horas después, en su primera intervención pública, Donald Trump sugería que la ofensiva duraría muy poco porque el régimen se vendría abajo y, dirigiéndose al pueblo iraní, afirmó que “la libertad está muy cerca”. Cierto que quedó descabezado con el asesinato de su líder supremo, Alí Jamenei, pero dos semanas después no se ha desmoronado y no da muestras de que esto pueda pasar a corto plazo, porque ha nombrado al hijo de Jamenei como nuevo dirigente, sigue lanzando ataques a países cercanos y a Israel y el paso de petroleros por el estrecho de Ormuz está bloqueado. Ayer, la Agencia Internacional de la Energía señaló que este conflicto ha provocado “la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado mundial del petróleo”. Y si el mercado de petróleo estornuda, el mundo se constipa. Todos los ciudadanos lo comprueban a la hora de llenar el depósito de combustible de sus vehículos y todo apunta a que las consecuencias para sus bolsillos irán a más al trasladarse a los precios el alza de costes que esta coyuntura genera en el transporte o en la producción de alimentos. Los agricultores denuncian que el precio de la urea, un fertilizante básico, se ha disparado más de un 50% desde diciembre y el del gasóleo agrícola, un 30%, que es el mismo porcentaje en el que se han incrementado los costes que soportan los transportistas catalanes. La realidad es que la guerra –por mucho que Trump diga que “está ganada”– ya ha desestabilizado la economía mundial y las consecuencias pueden ser desastrosas si se prolonga. En esta tesitura, también hay que instar al gobierno español a que actúe de forma inmediata para atenuar estas consecuencias. En este sentido, las demandas de empresas, agricultores y transportistas de aplicar rebajas fiscales a los carburantes son razonables, teniendo en cuenta que el impuesto de hidrocarburos y el IVA representan alrededor de la mitad de su precio. Y volviendo al ámbito mundial, esta guerra, iniciada supuestamente para evitar que Irán pudiera tener armas nucleares, de lo que ni Trump ni Israel han aportado ninguna prueba, ha convertido a Oriente Próximo en un polvorín.
Chabolas de otro mundo
El desmantelamiento de las chabolas que había desde hace años en el entorno de la avenida Tarradellas de Lleida, en Cappont, por parte del ayuntamiento es una buena medida, aunque las personas que estaban allí no molestaran a nadie. La administración debe estar en condiciones de ofrecer un alojamiento digno a todo aquel que lo necesite y, a la vez, no puede tolerar que haya gente que viva en condiciones totalmente insalubres, entre árboles y basura.