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Hitler, Mussolini y Franco llegaron al poder por una combinación de diversos factores. En los tres casos no eran los mismos, pero algunos sí coincidían. Uno de ellos es que contaban con el apoyo de los principales poderes económicos de sus países. Ahora bien, una vez convertidos en jefes de estado, no actuaban siempre al dictado de los que habían sido decisivos para su ascenso, porque cuando un autócrata asume todos los resortes del poder político de un Estado dispone de un gran margen de discrecionalidad y, a veces, sus decisiones pueden no ir en la línea o incluso en contra de parte de sus valedores. Esto es lo que parece estar sucediendo ahora con Donald Trump. Todavía no está claro por qué atacó Irán, más allá de que dejó convencerse por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y lo que sí ha quedado en evidencia es que él y su gobierno no tenían ni idea de qué hacer si el régimen de los ayatolás no se desmoronaba tras los primeros bombardeos. Así, un día anuncia que está en negociaciones para firmar la paz, al siguiente amenaza con destruir sus instalaciones energéticas, al otro va más allá y dice que acabará con toda una civilización y que Irán volverá a la Edad de Piedra y unas horas después ambas partes acuerdan un alto el fuego de dos semanas. Y cuando este texto salga publicado es posible que se mantenga la tregua o que se hayan reiniciado los bombardeos, porque además Netanyahu va por libre, aprovechando la volubilidad del presidente de EEUU, y está intentando hacer realidad la vieja idea del Gran Israel anexionándose territorios de Gaza y el Líbano. El caos creado por Trump genera una inestabilidad económica tal que perjudica también a magnates que le respaldaban incondicionalmente, mientras que, por otro lado, votantes y dirigentes del Partido Republicano que se creyeron sus promesas de que se centraría en la política nacional y que el país no se implicaría en conflictos internacionales se sienten decepcionados. Miembros del movimiento MAGA (Make America Great Again) le han criticado abiertamente y algunos republicanos se han mostrado a favor de la iniciativa de setenta legisladores demócratas que reclamaron la destitución de Trump, después de que este amenazara con “destruir toda una civilización”, recurriendo a la Enmienda 25, mecanismo constitucional que permite apartar al presidente si se considera que no está en condiciones de ejercer el cargo. A la espera de si solo se trata de un toque de atención o el descontento va a más entre sus filas, no hay que olvidar que Trump es el mismo que instigó lo nunca visto en la historia de EEUU: el intento de golpe de estado con el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. Con este precedente y viendo cómo ejerce el poder no queda ninguna duda de que estará dispuesto a todo para mantenerlo, incluso si eso comporta llevar al mundo a la ruina.

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