SEGRE

Creado:

Actualizado:

D erbi leridano en el banquillo, con dos entrenadores locales al frente de dos equipos competitivos con objetivos similares. La victoria se lo llevó el Bilbao tras controlar el duelo en todo momento. Más allá del desenlace o el momento de la temporada, lo interesante es reflexionar sobre cómo cada decisión puede cambiar el rumbo de un partido. En varios encuentros vemos cómo decisiones mal tomadas por parte de algún jugador, o la falta de ejecución de las órdenes del banquillo, terminan en castigos deportivos. Incluso hemos presenciado broncas monumentales en tiempos muertos o tras un cambio, con el objetivo de hacer reaccionar al equipo. Los entrenadores se enfadan porque esperan el rendimiento que los profesionales están obligados a dar. Pero, a veces, cabe preguntarse: ¿a qué precio?

Ningún jugador quiere fallar un tiro, perder un balón o cometer una falta innecesaria. Sin embargo, la mayoría de estos errores ocurren en décimas de segundo, con la adrenalina disparada y la presión del marcador. En ese momento, y en medio de un ambiente eufórico y tenso, el entrenador debe pensar con frialdad, gestionar emociones y decidir qué es lo mejor para el grupo. No es fácil. Vivimos una situación similar la pasada jornada en casa, cuando Batemon fue apartado del partido durante demasiados minutos. Es un jugador decisivo, fichado para momentos determinantes, para ser nuestra punta de lanza anotadora. Entonces surge la duda: ¿lo merecía? ¿quién cede? ¿cuál es el impacto real de cada decisión en el resultado final? Porque al final, más allá de la táctica y la autoridad, el baloncesto es un juego de confianza. Y la pregunta que queda en el aire es: ¿cuánto vale esa confianza cuando el marcador aprieta?

Titulars del dia

* camp requerit
Subscriu-te a la newsletter de SEGRE
tracking