SEGRE

Creado:

Actualizado:

Tras la conclusión de El cuento de la criada (2017) en mayo del pasado año, el anuncio de la adaptación de su secuela estuvo marcado por la expectación y el misterio. Expectación, porque el listón quedaba bastante alto después del éxito cosechado por la franquicia a lo largo de los años. Misterio, porque aunque la novela que da nombre a la serie gozó de una buena acogida es, relativamente, reciente —se publicó en 2019, mientras que la original vio la luz en 1985—, y su argumento no ha llegado a ser tan conocido como el de su predecesora. Los testamentos cambia de punto de vista y de temperatura dramática. En lugar de seguir a las criadas o a la resistencia desde fuera, la distopía de Margaret Atwood se adentra en la formación ideológica de las jóvenes que han crecido dentro de Gilead. El eje del relato está ocupado por Agnes Mackenzie (Chase Infiniti), muchacha dócil y piadosa, y Daisy (Lucy Halliday), una recién llegada procedente del exterior de las fronteras del régimen. Ambas coinciden en la Academia de Preparación Prematrimonial de Tía Lydia, un espacio en el que la obediencia se enseña con disciplina, liturgia y violencia moral, y donde su relación termina alterándolo todo. La jugada del show consiste, efectivamente, en desplazar el foco desde el terror explícito hacia el aprendizaje de la sumisión, aportando un aire algo más juvenil pero no menos inquietante. El cambio de perspectiva sienta bien, conservando el peso opresivo de Gilead, pero introduciendo una nueva dimensión: la del privilegio femenino dentro del propio sistema. Las adolescentes viven rodeadas de seda, color y protocolo, pero también de vigilancia, adoctrinamiento y una pedagogía diseñada para convertirlas en obedientes esposas. En esta ocasión, no solo se habla de represión, sino también de complicidad, ceguera social y transmisión del poder patriarcal dentro del sistema. La más que positiva recepción —con un 87% de aprobación en Rotten Tomatoes— avala un estreno sólido. El relevo generacional funciona, el universo de Gilead vuelve a sentirse fresco y el trío central —conformado por Chase Infiniti, Lucy Halliday y Ann Dowd— sostiene la trama con soltura. De apariencia más luminosa y juvenil, con una iconografía muy elaborada, pero conservando la brutalidad de fondo. Aun no deja de sentirse como un prólogo de todo lo que nos depara esta nueva etapa: queda mucha Gilead por narrar.

tracking