Una nueva forma de luchar contra el cáncer cerebral gracias a un estudio de investigadores del IRB y la UdL
Los responsables del estudio han desarrollado un modelo de glioma en mosca de la fruta que permite estudiar como la comunicación entre neuronas y tumor influye en el crecimiento del cáncer cerebral

El personal investigador del IRBLleida y la UdL ha desarrollado un modelo de glioma en mosca de la fruta, que se puede ver en la imagen
El Instituto de Recerca Biomèdica de Lleida (IRB) junto con la Universitat de Lleida han publicado, en la revista científica Scientific Reports, que han identificado un canal iónico como posible objetivo terapéutico para frenar gliomas.
El estudio lo han hecho con moscas de la fruta como modelos de experimentación, ya que, entre otras razones, el insecto comparte aproximadamente el 70% de los genes con los humanos y tiene menos redundancia de familias proteicas.
Los gliomas o glioblastomas son tumores cerebrales que pueden crecer y expandirse con actividad cerebral. Con la mosca de la fruta, se ha identificado un canal que favorece la señalización entre neuronas dependiendo del calcio, el llamado Slowpoke.
Los resultados muestran que estos canales contribuyen al crecimiento y la proliferación del tumor mediante mecanismos de señalización dependientes de iones de calcio. Gracias a esta interacción entre células tumorales y neuronas, se pueden plantear nuevas estrategias terapéuticas.
Cuando se elimina este canal en la mosca, la supervivencia mejora. Por eso, estudiar Slowpoke en la mosca permite entender qué papel podría tener KCNMA1 -el canal humano equivalente- en tumores cerebrales humanos, como los gliomas.
La investigadora Lía Alza, del IRBLleida y la UdL, ha liderado el estudio bajo la dirección de los profesores de la UdL y responsables del grupo de investigación Senyalització cel·lular per calci, Carles Cantí y Judit Herreros. También son miembros de la investigación el responsable del grupo Models de malalties en Drosophila i anàlisis (epi)genètics, Andreu Casali, y del investigador del Instituto de Salud Carlos III, Sergio Casas-Tinto, que había previamente usado el mismo modelo.