Les falles se vuelven a encender: calendario y pueblos para vivir la fiesta del fuego en el Pirineo de Lleida
Durro, en La Vall de Boí, da inicio a una tradición ancestral declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, con cerca de un centenar de fallaires descendiendo desde la ermita de Sant Quirc

Fallaires encendiendo el fuego.
El Pirineo se ilumina esta noche con el inicio de la temporada de falles, una tradición ancestral donde el fuego es el gran protagonista. Durro, en La Vall de Boí, inaugura este ciclo festivo con cerca de un centenar de fallaires que descenderán desde la ermita de Sant Quirc, situada a 1.500 metros de altitud, a partir de las 22:30 horas. Media hora antes dará comienzo la comitiva infantil, iniciando así un calendario de celebraciones que se extenderá por diferentes localidades pirenaicas durante las próximas semanas.
Esta manifestación cultural, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2015, se celebra en 73 pueblos distribuidos a lo largo de los Pirineos: 34 en Francia, 17 en Cataluña, 9 en Aragón y 3 en Andorra. Las falles representan una conexión profunda con los ciclos agrarios y solares, donde el fuego, símbolo del sol, se utiliza como elemento purificador de campos, bosques y poblaciones, alejando los malos espíritus según dicta la tradición centenaria.
El ritual del fuego en los Pirineos: significado y simbología
La práctica de las falles constituye uno de los rituales más antiguos del Pirineo y mantiene un profundo simbolismo vinculado a los solsticios. En esencia, el rito consiste en encender troncos o antorchas en lo alto de las montañas para posteriormente descender con ellos hasta los pueblos, creando impresionantes ríos de fuego que serpentean por las laderas montañosas en la oscuridad de la noche.
La cosmogonía pirenaica atribuye al fuego un poder regenerador. Según los expertos en tradiciones populares, estas celebraciones tienen su origen en antiguos cultos precristianos relacionados con la fertilidad de la tierra. El descenso con las antorchas encendidas simboliza la bajada del sol a la tierra, transmitiendo su energía purificadora a los campos para garantizar buenas cosechas y prosperidad a las comunidades.
En cada localidad, el ritual presenta peculiaridades propias, si bien la esencia se mantiene: los fallaires —portadores de las falles— recogen los troncos o antorchas preparados previamente, los encienden en un punto elevado y descienden en procesión hasta el núcleo urbano, donde son recibidos con música, bailes y celebraciones populares.
Calendario de celebraciones: Sort toma el relevo
Tras la inauguración en Durro, Sort, en la comarca del Pallars, tomará el relevo mañana, aunque las actividades comienzan ya hoy al mediodía con la plantada de la falla mayor. El programa en esta localidad es especialmente intenso, con diversos grupos de fallaires procedentes de pueblos cercanos que se unirán a la celebración.
Los participantes de Llessui iniciarán su camino mañana a las 17:00 horas en dirección a Sort, seguidos por los de Enviny. A las 20:15 horas, la comitiva partirá hacia Bressui, donde tendrá lugar una cena popular que servirá como punto de encuentro y confraternización entre los diferentes grupos de fallaires. El regreso hacia Sort se producirá a partir de las 22:00 horas, con la incorporación de los participantes desde Olp, y media hora más tarde desde Bressui.
El momento culminante llegará aproximadamente a las 23:30 horas, cuando está previsto el encendido de la falla mayor, un espectáculo de luz y tradición que atraerá a numerosos visitantes. Las celebraciones continuarán el martes con las falles de la Mare de Déu de Ribera de La Pobla de Segur, extendiendo así esta manifestación cultural por el territorio pirenaico.
Una tradición reconocida por la UNESCO
El reconocimiento de las falles como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2015 supuso un importante espaldarazo para la preservación de esta tradición. La UNESCO valoró especialmente el carácter transfronterizo de esta manifestación cultural, que ha sobrevivido al paso del tiempo manteniendo su esencia a pesar de las diferencias administrativas y políticas entre regiones y países.
Este reconocimiento ha contribuido a revitalizar la celebración en algunas localidades donde la tradición se había debilitado, así como a incrementar el interés turístico por estas festividades, que ofrecen una experiencia única para conocer de primera mano el patrimonio inmaterial de los Pirineos.
La candidatura presentada ante la UNESCO fue fruto de un trabajo conjunto entre comunidades de España, Francia y Andorra, lo que demuestra cómo las tradiciones culturales trascienden fronteras y pueden servir como elemento de cohesión entre territorios vecinos con raíces culturales comunes.
¿Cómo se elaboran las falles tradicionales?
Las falles tradicionales varían según la zona geográfica, pero generalmente consisten en troncos de abeto o pino a los que se les practican cortes para facilitar su combustión. En algunas localidades, como Isil o Alins, se utilizan cortezas de abedul enrolladas en forma de antorcha, mientras que en otras zonas se emplean teas resinosas que garantizan una combustión duradera y espectacular.
La preparación de estos elementos requiere un conocimiento específico que se transmite de generación en generación, y que incluye desde la selección de la madera adecuada hasta las técnicas para su encendido y manejo durante el descenso. Este saber tradicional forma parte integral del patrimonio inmaterial asociado a las falles.
En los últimos años, algunas localidades han introducido adaptaciones para garantizar la seguridad de los participantes y reducir el impacto ambiental, sin que ello suponga una pérdida de la esencia tradicional de la celebración.
¿Qué otras localidades celebran las falles en el Pirineo catalán?
Además de Durro y Sort, numerosas localidades del Pirineo catalán mantienen viva la tradición de las falles. Entre ellas destacan Isil, en el Valle de Àneu, cuyas falles son particularmente conocidas; Boí, que comparte valle con Durro; Taüll, famoso también por su conjunto románico; o Barruera, todas ellas en la provincia de Lleida.
Cada localidad celebra sus falles en fechas específicas, generalmente coincidiendo con el solsticio de verano o con festividades locales, lo que permite a los aficionados a esta tradición disfrutar de diferentes celebraciones a lo largo del verano. Esta distribución temporal ha favorecido también el desarrollo de un turismo cultural específicamente interesado en estas manifestaciones tradicionales.