SALUD
“Un acto de libertad y de paz”
Concepció Canut, que acompañó a su marido en su muerte por eutanasia, explica que sintió “serenidad”. El año pasado, cuatro personas recibieron esta prestación en las comarcas leridanas

Ceremonia laica celebrada el pasado febrero en memoria del leridano Josep Mitjana. - BLANCA BLAY/ACN
El pasado febrero, el leridano Josep Mitjana falleció por el acto médico de la eutanasia. Su viuda, Concepció Canut, señala que su muerte “fue en un acto de libertad y de paz”. En una entrevista, explica que “cuando una decisión de este calibre se toma libremente y compartida mucho tiempo antes, el sentimiento es de serenidad”. En su caso, Josep redactó ante notario un Documento de Voluntades Anticipadas (DVA) en 2015. “En él señalaba que, si en el momento que se tenga que consultar este documento, está aprobada la ley de eutanasia y yo reúno las condiciones, quiero que se me aplique”, asegura. Una determinación que le acompañó hasta el último suspiro. En su caso, Canut señala que desde la primera petición hasta recibir la respuesta definitiva para la eutanasia pasaron cuatro meses y medio, un tiempo de espera y de incertidumbre. Un retraso que atribuyen a que el médico consultor firmó un informe negativo “sin conocer ni venir a ver al enfermo”. “Los días pasan, el enfermo sufre y además coincidió con las vacaciones de Navidad, todo el mundo está de fiesta, menos el dolor y el sufrimiento del solicitante”, remarca. La primera solicitud escrita de Josep se hizo el pasado 8 de octubre y murió por eutanasia el 5 de febrero. En este proceso también quiere agradecer el apoyo recibido por la asociación Dret a Morir Dignament, de la que ambos forman parte desde hace tiempo. De hecho, Josep fue uno de los impulsores en Lleida de esta entidad.
Asimismo, Canut resalta la importancia del DVA. “Es esencial en casos en que el enfermo no puede expresar su voluntad. Josep estaba lúcido y sabía muy bien lo que quería cuando hablaba con el equipo médico”, añade. Sin embargo, reivindica que “no me cansaré nunca de recomendar la necesidad de hacer el DVA, por la función educativa que tiene de plantearnos seriamente pensar en la muerte”. También recuerda que su marido tenía muy claro que su decisión de morir por eutanasia debía ser pública. “La experiencia nos muestra que los enfermos que deciden morir y que hacen pública esta decisión son los mejores defensores de la libertad y de los derechos en la etapa del final de la vida, para los demás”, constata. “Josep era un hombre sencillo, trabajador y familiar, con un sentido del humor que conservó hasta el último momento. Valoraba mucho la libertad”, cuenta Canut.
El año pasado, cuatro personas recibieron la prestación de ayuda a morir en las regiones sanitarias de Lleida y Alt Pirineo y lo solicitaron siete. Desde 2021, la han recibido 10 personas y lo han pedido 21.
n La asociación Dret a Morir Dignament reclamó ayer una campaña institucional para informar sobre el derecho a la eutanasia, así como más formación para los profesionales sanitarios y agilizar los plazos de la prestación para que la resolución “no tarde más de 30 días”, ya que en la actualidad la media es de 7 semanas (49 días). La presidenta de la entidad, Cristina Vallès, indicó que la eutanasia “se está consolidando como un derecho sanitario dentro del sistema público catalán” cuatro años después de la aprobación de la ley. Sin embargo, aseguró que existen factores a mejorar como que se refuerce la figura del referente, que la ciudadanía conozca la información de la medida o que se establezcan protocolos claros sobre cómo actuar en centros públicos y privados. Detalló que una cuarta parte de las personas que solicitan la eutanasia se les deniega y otra cuarta parte, fallece durante su tramitación. En cuanto a los casos paralizados en los juzgados a petición de los padres de los afectados, desde la asociación lamentaron que estas personas “siguen sufriendo un dolor grave e irreversible y se les obliga a vivir en contra de su voluntad”.