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Crónica del accidente ferroviario de Juneda de 1988: el peor de la historia de Lleida que segó la vida de diez niños y cinco adultos

La colisión entre un tren y un microbús escolar en un paso a nivel sin protección segó la vida de quince personas, la mayoría niños, y dejó una herida imborrable en la comunidad

portada Juneda 1988

portada Juneda 1988

Joan Teixidó
Lleida

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"La hora fatídica fue las 11:10 de la mañana. Los niños y maestras de la guardería “Los Angeles” iban a pasar una jornada festiva en la granja “Les Obagues” de Juneda, donde los pequeños, ilusionados, esperaban jugar con los animales que allí se cuidan, cuando el autocar que les conducía se interpuso en el paso de una unidad eléctrica que iba en dirección a Barcelona. A partir de ese momento, la tragedia. Catorce de los ocupantes del autocar, diez niños, el conductor y tres monitoras fallecieron en el acto. Posteriormente, y a los pocos minutos de ingresar en el Arnau de Vilanova, moriría la cuarta de las profesoras."

Así empezaba la crónica de SEGRE del sábado 26 de marzo de 1988, que explicaba lo que seguramente es una de las peores tragedias que han pasado a Lleida. Hoy, con la tragedia del tren de Adamuz en la que han muerto 41 personas, recordamos este hecho trágico.

38 años de la tragedia de Juneda

Aquel viernes 25 de marzo de 1988 era un día de ilusión para los niños y niñas del jardín de infancia "Los Ángeles" de Lleida. Se marchaban de excursión a una granja escuela de Juneda. Sin embargo, a las 11:10 de la mañana, el destino se truncó en un paso a nivel sin barreras al término de esta localidad de Les Garrigues. El tren Corail 7556, que hacía el trayecto Lleida-Barcelona, embistió el microbús escolar, provocando una catástrofe que dejaría una cicatriz en la sociedad catalana: quince vidas perdidas, diez de ellas de niños de entre tres y cinco años.

Crónica del accidente ferroviario de Juneda de 1988

Crónica del accidente ferroviario de Juneda de 1988SEGRE

Un impacto inevitable y silencioso

El convoy circulaba a una velocidad de entre 120 y 130 km/h cuando se encontró con el microbús sobre los raíles. El maquinista, Juan Pujol, recordaría más tarde haber quedado "petrificado" en la cabina, haciendo sonar las señales acústicas sin poder evitar el choque. El impacto lateral arrastró el vehículo más de 300 metros por la vía.

Dentro del microbús viajaban el conductor, la directora del centro, tres monitoras y una veintena de niños. El balance final fue devastador: el conductor, todo el personal adulto y diez niños murieron. El resto de pequeños quedaron heridos de diversa gravedad, siendo trasladados de urgencia al Hospital Arnau de Vilanova y, los más críticos, en helicóptero hacia Barcelona.

Infografía del accidente

Infografía del accidente

Un luto que trascendió fronteras

La magnitud de la tragedia paralizó Lleida. Los ayuntamientos de la capital y de Juneda decretaron días de duelo oficial mientras una oleada de solidaridad desbordaba los centros de donación de sangre. El funeral, celebrado al día siguiente en la Catedral de Lleida, se convirtió en uno de los actos de despido más multitudinarios que se recuerdan en la ciudad.

Más de 10.000 personas se reunieron dentro y fuera del templo en un silencio sepulcral, sólo roto por el llanto de las familias. La ceremonia contó con la presencia de la Reina Sofía, que viajó expresamente desde Palma, y del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. Incluso el Papa Juan Pablo II envió un telegrama de pésame, uniéndose a un dolor que había traspasado las fronteras del Segrià y las Garrigues.

Portada del SEGRE del día 27

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La polémica de los pasos a nivel

Pasado el choque inicial, la investigación abrió heridas administrativas y políticas. Se determinó que el conductor del microbús no se había detenido ante la señal de Stop, pero el foco giró rápidamente hacia la seguridad ferroviaria. El presidente de Renfe de la época, Julián García Valverde, defendió la correcta señalización del paso, aunque admitió la dificultad en eliminar todos los pasos sin barreras del país.

Además, se descubrió que el microbús no tenía la autorización específica para transporte escolar, a pesar de haber pasado la ITV semanas antes. Estas revelaciones alimentaron un debate nacional sobre la seguridad de los niños en sus desplazamientos y la precariedad de ciertas infraestructuras rurales.

La tragedia sirvió para acelerar la supresión de centenares de pasos a nivel a todo el Estado, una victoria amarga pagada con el precio más alto posible.

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