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RESTAURACIÓN

El histórico Casa Tiell baja la persiana

El restaurante, que abrió sus puertas en 1955 en la plaza Ramon Berenguer IV, pone fin a más de siete décadas de actividad con una fiesta. El proyecto de un joven restaurador tomará el relevo

Los clientes brindaron con Neus por su nueva etapa vital tras el cierre del restaurante. - PAU PASCUAL PRAT

Los clientes brindaron con Neus por su nueva etapa vital tras el cierre del restaurante. - PAU PASCUAL PRAT

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Sergi Caufapé/I.G.

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El histórico restaurante Casa Tiell, uno de los más emblemáticos de Lleida, bajó ayer la persiana después de más de siete décadas de trayectoria. Para despedir el local como se merece, tuvo lugar una fiesta de agradecimiento a los clientes en la actual ubicación, en la esquina de las calles Maria Sauret y Vila Antònia, en el barrio de Noguerola. Aunque Casa Tiell cerró sus puertas, el espacio iniciará pronto una nueva etapa bajo otra dirección. El joven hostelero que asumirá el negocio mantendrá el nombre original durante unos meses, antes de introducir su propio estilo.

Casa Tiell ocupa su emplazamiento actual desde 2004, año en que se trasladó desde la plaza Ramon Berenguer IV, donde había funcionado bajo la sede de la Penya Barcelonista de Lleida hasta el derribo del edificio en 2003. Aquel primer local, abierto en 1955, solo cerraba por Navidad y ofrecía servicio prácticamente a todas horas. Su actual responsable, Neus Prunera, comenzó a trabajar allí con 17 años y ahora ha decidido traspasar el negocio tras toda una vida dedicada al proyecto familiar, iniciado por sus suegros y continuado después por su marido, Josep Tiell, fallecido en 2024. Joan Tiell, primer propietario, fue además uno de los socios fundadores y presidente de la peña azulgrana entre 1970 y 2003. El establecimiento original compartió hasta principios de siglo una ubicación cercana a los históricos Casa Lluís y el hostal Peninsular, muy conocidos en la ciudad al estar todos cerca de la estación de trenes. Prunera explicó que ha llegado el momento de cerrar una etapa vital “muy importante”, subrayando que el restaurante siempre fue mucho más que un negocio, un lugar de encuentro para el barrio y un espacio donde muchos clientes terminaron convirtiéndose en amigos. Quiso despedirse de la que definió como “la clientela más fiel del mundo, casi una familia”, agradeciendo su compañía y apoyo durante décadas. “Nunca me han fallado y necesitaba agradecerles su apoyo”, señaló.

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