Toñi Ávila, divorciada, vive sola en Lleida: «¿Cambiar ahora? No, no es necesario para nada»
El número de viviendas unipersonales en la demarcación de Lleida crece a un ritmo de casi un millar por año.

Toñi Ávila, junto a la biblioteca municipal, en la Rambla d’Aragó de Lleida.
“Lo básico es tomar la decisión. Cuesta dar el paso. Te vas justificando para no moverte, pero eso no favorece a nadie. Y al final te das cuenta de que tienes que estar bien”, explica Toñi Ávila.
Salió de una relación hace 25 años, cuando su hija tenía ocho, y comenzó una nueva vida que, tras la emancipación de la muchacha hace unos años pasó a una nueva fase en la que vive sola. “Al principio es muy complicado. Te tienes que ir sin nada. Es una situación dura porque no sabes cómo te va a ir”, recuerda.
“Me fui sin saber qué haría. Sabía que tenía que irme, pero no sabía cómo. Tienes miedo a lo desconocido, pero cuando das el paso ves que empieza a funcionar, a fluir”, anota. En su caso, lo desconocido era una vida nueva en otro barrio y otra casa, aunque conservaba algunas cosas de valor. “Tenía un trabajo, y lo sigo teniendo, y tenía una familia, y eso fue fundamental para salir adelante”, explica.
La ayuda de sus padres para acompañar a su hija en las idas y venidas al cole fue clave en los primeros años, en los que la muchacha ganó autonomía con rapidez, y el trabajo le dio estabilidad económica. Señala la parte económica, la de mantener el hogar y la crianza, como una de las principales exigencias de esa etapa en lo material. Y salió adelante. “¿Cambiar ahora? No, no es necesario para nada. A lo mejor de mayor, no sé. Sin cerrarme a nada, pero no lo veo ahora mismo”, explica.
Toñi sigue trabajando para la misma empresa para la que ha trabajado en las tres últimas etapas de su vida, con cambios de turno pero siempre en horario diurno, y su día a día transcurre con normalidad. “Van pasando los años, miras atrás y tampoco sabes muy bien cómo lo has ido haciendo, pero lo has hecho y ha salido bien”, expone.