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«Saber biología ya no es suficiente; ahora hay que entender el lenguaje de datos»

Dr. Rui Alves, profesor catedrático en la UdL, experto en biología de sistemas y la aplicación de herramientas de bioinformática para la predicción y el modelado celular. Dr. Alberto Marin Sanguino, profesor agregado en la UdL, utiliza la modelización y la aplica a la biotecnología. Dra. Ester Vilaprinyo, profesora agregada en la UdL, especialista en bioestadística e IA, esencial para el análisis de modelos matemáticos.

Dr. Rui Alves, Dr. Alberto Marin Sanguino i Dra. Ester Vilaprinyo

Dr. Rui Alves, Dr. Alberto Marin Sanguino i Dra. Ester Vilaprinyo

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¿Cómo se integra la IA en vuestro día a día? 

Rui Alves: La IA es una herramienta más de descubrimiento de patrones. Nos permite procesar miles de interacciones genéticas complejas. La principal limitación es la interpretación, donde nuestro conocimiento sobre los otros métodos de biología de sistemas entra en juego para entender la lógica subyacente de la predicción de la máquina. 

Ester Vilaprinyo: Nuestro trabajo en bioestadística e IA es garantizar el rigor. Tenemos que demostrar que el modelo de IA es válido y no solo un artefacto. Esto implica diseñar los protocolos de análisis para corregir sesgos y desarrollar métodos para hacer la IA más interpretable y transparente clínicamente, para que un médico o ingeniero pueda confiar en la predicción.

La biología sintética se presenta como una herramienta para una industria más sostenible. Estáis intentando crear bacterias que consuman residuos para producir compuestos de alto valor como la ectoína. ¿Cómo se hace esto? 

Alberto Marin Sanguino: Efectivamente, es una línea de investigación fascinante que llamamos bioproceso verde. El objetivo es doble: ahorrar agua dulce y revalorizar residuos. Utilizamos bacterias halófilas, que prosperan en agua salada, y las forzamos a evolucionar para poder utilizar residuos orgánicos para crecer y producir moléculas de alto valor como la ectoína (un protector celular usado en cosmética) o los componentes de los bioplásticos. Esto crea una biorrefinería circular y mucho más eficiente. Después, mediante la biología sintética, las “reprogramaremos” para que puedan producir otros químicos de alto valor. 

Rui Alves: Mi papel es ayudar en el modelado matemático y el análisis bioinformático que nos permite optimizar procesos antes de probar en el biorreactor. Podemos simular qué modificación genética será la más eficiente para maximizar la producción, mientras se minimiza el consumo de residuos y energía.

La bioinformática facilita el puente entre el laboratorio y el ordenador. ¿Qué herramientas desarrolláis? 

Alberto Marin Sanguino: La bioinformática es esencial para la ingeniería genética. Desarrollamos herramientas que facilitan a los investigadores obtener una interpretación más fácil de los datos. En el campo de la biología sintética, la bioinformática nos permite realizar un diseño asistido por ordenador de las secuencias de ADN. Esto reduce drásticamente el ciclo de diseño-construcción-ensayo y, por tanto, el tiempo y el dinero necesarios para alcanzar un objetivo.

¿Cómo creéis que la integración de las ciencias de datos y vuestro enfoque en biología sintética transformará la enseñanza y el futuro de la investigación? 

Ester Vilaprinyo: Es la base. Ya no basta con saber biología; hay que entender el lenguaje de los datos, y por eso formamos a profesionales que no solo pueden generar datos, sino que pueden analizarlos y aplicarlos en situaciones reales, ya sea en un ensayo clínico o en la optimización de un bioprocesamiento. 

Rui Alves: La UdL y el IRBLleida deben consolidarse como centros donde la capacidad de modelado predictivo sea un elemento intrínseco de la investigación. El futuro de nuestros campos dependerá de nuestra habilidad para utilizar la IA y el modelado para acelerar la innovación.

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