Los muertos también hacen la mudanza: fotografías del traslado del cementerio de Tiurana antes que el pantano de Rialb lo engullera
El realojamiento de los difuntos fue una de las primeras actuaciones del desmantelamiento del pueblo, sumergido a finales del siglo XX por esta gran infraestructura hídrica

Los muertos también hacen la mudanza: fotografías del traslado del cementerio de Tiurana antes que el pantano de Rialb lo engullera
A finales del siglo XX, el pantano de Rialb se erigió como una de las infraestructuras hídricas más importantes de Cataluña, comportando grandes cambios a la comarca de la Noguera. Antes que las máquinas empezaran a trabajar y que el agua cubriera el valle, se tuvo que realizar una tarea poco habitual pero necesaria: el traslado completo del cementerio de Tiurana, garantizando así que los difuntos fueran los primeros al dejar el pueblo antes de su inundación.
Comarcas
Activan el nivel 1 de emergencia en el pantano de Rialb por una filtración de agua en la presa
Helena Culleré
El casco antiguo de Tiurana, situado en la comarca de la Noguera, fue uno de los pueblos sacrificados por la construcción del embalse. A pesar de que los edificios, calles y la iglesia quedaban por encima del nivel previsto del agua, el riesgo de inestabilidad geológica obligó a abandonar completamente el emplazamiento original. El pueblo se trasladó a la montaña de Solés, a pocos metros del pueblo viejo. Y el traslado del cementerio se convirtió en una de las primeras y más simbólicas acciones del proceso de desmantelamiento.
La operación no respondía sólo a cuestiones sentimentales. Había motivos legales, sanitarios y religiosos que la hacían imprescindible, especialmente si el embalse está destinado al consumo humano o al riego agrícola. La presencia de restos humanos en una zona inundable podría suponer un riesgo potencial de contaminación en determinadas circunstancias.
El peso de la memoria colectiva
Más allá de las normativas técnicas, el traslado del cementerio respondió a una necesidad más profunda: preservar la memoria colectiva. Les familias exigieron que sus seres amados no quedaran bajo el agua. Para muchos vecinos, el lugar de entierro define parte de la identidad colectiva del pueblo. Dejar los cuerpos allí habría sido una forma de doble muerte: física y simbólica.
El nuevo cementerio se construyó en el municipio moderno de Tiurana, elevado en una colina con vistas al pantano. Allí se trasladaron esmeradamente los restos exhumados, junto con cruces, lápidas y pequeños objetos personales. En un giro paradójico, los difuntos fueron los primeros a llegar al nuevo emplazamiento, ocupando la tierra que todavía no había sido habitada por los vivos. Los ataúdes que quedaron vacíos, acabaron quemándose.

Ataúdes vacíos quemándose a Tiurana
Un legado doble en el nuevo emplazamiento
Actualmente, mientras el embalse de Rialb refleja el cielo sobre el antiguo valle, el nuevo cementerio preserva una doble memoria: la de los cuerpos que acoge y la del sitio que dejaron atrás. Este proceso representa un recordatorio que, incluso en la lógica fría de las grandes infraestructuras, hay momentos en que la historia y el respeto obligan a mirar atrás antes de avanzar.

Traslado de los difuntos del cementerio viejo al nueve de Tiurana

Traslado de los difuntos del cementerio viejo al nueve de Tiurana