¿Cómo estan de reservas de agua los pantanos de Lleida?
Después de un verano de 2025 donde las cuencas leridanas rozaron el pleno absoluto, la situación al inicio de 2026 muestra un descenso moderado pero mantiene niveles de seguridad en la mayoría de sistemas, con una media general del 59,42%.

Imagen de archivo de Monte-rebei, cuando recuperó el suyo esplendor con el pantano de Canelles al 85% de capacidad
El pasado 10 de julio de 2025, Lleida iniciaba el verano con una imagen poco habitual en los últimos años de sequía: los pantanos estaban cerca de su límite de capacidad total. Aquella reserva estratégica ha permitido lindar el segundo semestre del año con garantías, aunque las cifras actuales a fecha de 8 de enero de 2026 reflejan una realidad dispar según la cuenca hidrográfica.
El Segre y la Ribagorçana, en buena forma
El sistema del Segre presenta actualmente un estado muy saludable. Con Rialb al 80,65% (325 hm³) y Oliana al 71,43% (60 hm³), la cuenca suma un total de 385 hm³ almacenados, un 79,06% de su capacidad. Estos datos contrastan con las crisis de años anteriores y aseguran el suministro para la próxima campaña de riego y consumo humano.
Por su parte, la Noguera Ribagorçana mantiene una media del 69,82%. Destacan los niveles de Santa Anna (83,05%) y Canelles, que con 456 hm³ se encuentra al 67,16%, una cifra clave dada la gran capacidad de este último embalse. Canelles, con el emblemático y turístico Mont-rebei, llegó a estar por debajo del 15%.
Contrastes en la Pallaresa y el Ebro
La situación en la Noguera Pallaresa es más desigual. Mientras que Terradets (96,97%) y Camarasa (92,02%) están prácticamente llenos, el pantano de Talarn se encuentra en menos de la mitad de su capacidad (43,17%). En conjunto, la cuenca suma un 66,19% de reservas.
El punto más bajo del informe de hoy lo encontramos en Mequinenza, en la cuenca del Ebro, que con 580 hm³ se sitúa al 42,27% de su capacidad total.
En total, los embalses de la demarcación acumulan 1.990 hm³ de un total de 3.349 hm³ posibles. Este 59,42% global supone una base sólida para el invierno, lejos de las alertas rojas, pero con la mirada puesta en las nevadas del Pirineo durante las próximas semanas, que tendrán que garantizar el deshielo y la recarga final de cara a la primavera de 2026.
El calor intenso registrado el verano pasado, que empezó con los pantanos llenos a tope, puso a prueba el sistema, y la gestión del agua parece haber mantenido las reservas en niveles gestionables para empezar el año con optimismo moderado.