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TRIBUNALES

Paralizada la causa del asesinato de un payés en Vilanova de la Barca

El investigado no ha declarado en Lleida tres meses después de ser extraditado

El sospechoso fue arrestado en marzo en Francia. - PN/MMEE/GC

El sospechoso fue arrestado en marzo en Francia. - PN/MMEE/GC

Albert Guerrero
Lleida

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El Mourabit Ahmmar, el presunto asesino de un agricultor de Vilanova de la Barca en enero del año pasado y de otros dos payeses en Navarra a finales de 2023, todavía no ha pasado a disposición judicial por el crimen en Ponent, cuando se han cumplido más de tres meses desde que Francia lo extraditara. A efectos prácticos, esto supone una parálisis de la causa que investiga el juzgado de Instrucción número 3 de Lleida. Al parecer, hace un par de semanas este juzgado no había recibido el expediente desde Navarra, según informaron fuentes judiciales.

El investigado, en cambio, ha pasado a disposición por los dos otros crímenes. Así, el pasado 30 de junio el juzgado de Instrucción 3 de Tudela, en Navarra, decretó el encarcelamiento por el asesinato cometido en esta localidad el 22 de noviembre de 2023 y dos meses antes —el 25 de abril—, la magistrada había decretado la misma medida cautelar respecto del crimen perpetrado el 21 de diciembre en Ribaforada. En ambos casos el investigado se negó a declarar. Este juzgado fue el que el que el 21 de marzo dictó la orden de detención europea. De momento, las tres causas se instruyen por separado.

El Mourabit fue arrestado el 25 de marzo en la localidad de Beziers, en Francia, como avanzó SEGRE, donde huyó tras el crimen en Ponent. Cabe recordar que el arrestado, de 54 años de nacionalidad española y origen marroquí, había sido condenado por yihadismo y que apenas unas semanas antes del primer crimen –el 23 de noviembre de 2023 en Tudela– se arrancó una pulsera de control telemática –residía en Vitoria y su familia denunció la desaparición– por delitos relacionados con el terrorismo yihadista, huyó. Investigadores lo definen como un “psicópata”. Se basan en la violencia extrema que empleó para acabar con la vida de sus víctimas, vulnerables por su edad (68, 80 y 84 años) y a las que atacó por sorpresa y en la cabeza, sin que pudieran oponer resistencia, y en la desproporción con el objetivo que buscaba con los ataques: el robo.

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